6.25.2014

Tres acciones decisas.


Hay aves que para sobrevivir deben emigrar. No para huir, sino para establecerse por un tiempo, y luego regresar.

Hay aves que no deben hacerlo. Sin embargo, las que lo deben hacer, antes son preparadas por Dios a través de su instinto de supervivencia, fortalecidas, y alimentadas. Cuando el viaje llega, cuando este inicia, ellas van preparadas, con una referencia natural del camino, y con la vista en su destino, sabiendo que llegarán a un lugar seguro que les albergará y alimentará, para luego regresar con frutos de ese viaje. Frutos que regresará a compartir con otros. Hay una transformación.

Los humanos viajamos por diversas situaciones. Recuerdo que yo quería viajar, para huir. Huir de mí misma. Iba por la razón equivocada.

Pero Dios, tan amoroso y misericordioso, no lo permitió. Aún no estaba lista. Caería como un ave herida, en medio de un desierto, moriría espiritual y físicamente tal vez. Me perdería.
Ahora, años después, y agradeciendo a Dios por el discernimiento que me va dando poco a poco en su caminar… entiendo el testimonio del profeta Elías.

En la homilía del 13 de junio de 2014, el papa Francisco hablaba de él… aseguró que “el Señor, cuando nos quiere dar una misión, cuando nos quiere dar un trabajo, nos prepara. Nos prepara para hacerlo bien”, como hizo con el profeta Elías a través de la prueba, la obediencia y la perseverancia.

Prueba, obediencia, perseverancia.

Hace años tuve una relación con una persona, y coloqué esta relación en el centro de mi vida. Si estábamos bien, el cielo era lindo, celeste, despejado y el día era soleado. Si estábamos mal, si no me decía “te quiero”, si no tenía tiempo para una conversación telefónica, mi día era gris y lluvioso. ¿Qué creen que pasó cuando después de un año, terminó conmigo?

Sentí que moría. Al día siguiente de que terminó la relación, por teléfono, sentí un vacío horrible en mi estómago. Y al otro y el otro día… Era junio.

Un nuevo ciclo de la universidad venía y yo no podía más. La universidad me recordaba a esta persona, las calles me recordaban a esta persona… Quería llamarle, visitarle, a todo era no.
Mi autoestima era muy baja, y no creía que podría con una asignatura de la universidad, ni que podría seguir mi vida sin esta persona. ¿Qué iba a hacer? Entonces, recordé aquello por lo que estuvieron “insistiendo” y por lo que mi familia seguía orando… El retiro…ese encuentro con Él.
Para la Gloria de Dios, Él tomó mi corazón, me recibió en Su casa, y comenzó a hablarme de Su amor por mí, a través de la CCESM.

Sin embargo, meses después, caí en otra relación. Una relación donde esta persona se preocupaba por mí, a pesar de todo lo malo que me rodeaba en medio de ese lugar y sus amistades... y yo sin comprender que Dios me ama, cuida y protege de mí en todo momento…  Pasé dos años queriendo estar en dos lugares. Queriendo hablar de Dios en la mesa de los demonios. Ahora comprendo que era eso lo que pretendía.

Dios seguía tocando a mi puerta, invitándome a volver a casa. Cada paso que daba afuera era tan contaminante y no lo miraba de esa manera, sabía que estaba mal pero como no era partícipe de ello… no me alejaba. Me rodeaba alcoholismo, drogadicción, homosexualidad, brujería… en algún momento, si no te alejas, si no huyes... eres rodeado y atacado.

No me ministraba, sabía que estaba mal y que tendría que dejar aquello, al llamarlo por su nombre, al desenmascararle... pues Dios ya me había llamado por mi nombre, y yo había entregado el control de mi vida en sus manos. El control que yo le había arrebatado, sugiriéndole ser un dios de plastilina.

Esto sí, pero aquello no, Señor. Con esto, sabés… no te metás con esto, ¿sí?
Varias situaciones pasaron y un día fui invitada a una asamblea del grupo de jóvenes, David. No me acuerdo como estuve en la hora de la alabanza, o si yo había llegado tarde, tratando de impedir estar ahí… pero no pude estar tranquila a la hora de la prédica. Una intranquilidad tal, que hasta náuseas tenía… sentía el olor de la loción de alguien y me levantaba al baño porque creía que vomitaría…

Logré quedarme tranquila, y comencé a llorar. Quería dejar de llorar y no podía detenerme. La Asamblea terminó, y yo sin dejar de llorar.

Recuerdo que al salir al parqueo mi hermana me pidió que me sentara, y trató de tranquilizarme. Le dije, Bea no sé qué pasa, quiero detenerme y no puedo.

Una servidora se me acercó, y me pidió ir con ella. Me llevó con otros servidores, y no sé si eran los líderes de David, pero ahí comenzó una bendición más.

Les dije lo que pasaba últimamente en mi vida. Les dije que había llegado invitada por mi hermana, que ya había hecho mi retiro pero que había regresado al mundo,  ‘¿En qué grupo te reunís?’, '¿te estás ministrando?”

Cuán importante es la ministración y el pastoreo. Es que solos no podemos. Por eso, bendito Dios y dio la visión de esta Comunidad.

“Cuando vayas a tu asamblea, buscá a esta persona, y decile que quieres ministrarte, ella sabrá qué hacer”

La ministración, el Pastoreo, como todo, va por oración. Al ser por oración, es Dios mismo quien designa, quien será esa persona escogida desde la eternidad para acompañarte en el caminar. ‘¿ora por su ministra, pastora, ministro, pastor?, ¿ora por ellos?

Años después, no ha sido fácil, pero ahora, puedo ver que como dice el Papa Francisco: que cuando Dios quiere confiarnos una misión, nuestra respuesta debe estar basada en la oración y la fidelidad.

Dios no es de emocionalismo y Él no puede darnos bendiciones si no estamos listos para ellas, las desperdiciaríamos, no las apreciaríamos, no amaríamos todo lo que significa. Seríamos como niños malcriados, que con un berrinche consiguen lo que quieren.

No, Él es sabio, justo y amoroso.

En esa misma homilía el Santo Padre nos advierte que en la vida del cristiano se puede ser un día valientes opositores de la idolatría en servicio de Dios y al día siguiente estar deprimidos hasta el punto de querer morir porque alguien, en el curso de nuestra misión, nos ha asustado. Para equilibrar estos dos extremos de la fuerza y fragilidad humana está y estará siempre Dios, siempre que se permanezca fieles a Él.

Fieles a Él
Este año en el retiro de Compromiso, nos preguntó, y hace la misma pregunta este día: “¿Dónde estás?”
¿Estoy escondida?, o estoy aquí Señor, a la luz.

Al igual que al profeta que recibe en el Monte Horeb la invitación a salir de la cueva en la que se encontraba, para presentarse ante Dios… nos invita a salir, para presentarme ante Él. Él ha hecho una invitación si estás leyendo o escuchando esto.

Pasaron un fuerte viento, un terremoto y un incendio, pero en ninguno de ellos Dios se manifiesta. Luego, es el momento de un ligero soplo de brisa y es en esto -recordó el Papa- que Elías reconoce “el Señor que pasa”.

¿Qué ha estado pasando en tu vida?, ¿dónde estás?, ¿en medio de un fuerte viento, tratando de escuchar la voz de Dios?, ¿en un terremoto, tratando de estar firme, tratando de ponerte de pie para tratar de ver a Dios por algún lugar?, ¿en un incendio, tratando de menguar aquel fuego que se va haciendo cada vez más y más grande, que solo aumenta y destruye todo a su paso?

Dios no está ahí. Estando en esos lugares no le veremos con facilidad. Es en la suave brisa donde Él nos recibe y nos envuelve con su amor. En esa paz que solo viene de Él.

Basta. Terminé esa relación y regresé a casa. Comencé el camino de regreso a casa.

Yo estaba en un fuerte viento, al principio, trataba de ver pero no podía hacerlo con claridad. Luego de un tiempo, se volvió un terremoto, cuanto más trataba de tener un pie aquí y otro allá, más difícil era lograr ponerme de pie. Me sentía sucia. Pasaban cosas cuando dormía.

Había algo que me aprisionaba cuando dormía, trataba de gritar y no podía. El tiempo se alargaba y no podía moverme. A menos que… en medio de ello, lograse calmarme y clamarle a Él… Luego de un tiempo, costaba más, salir de ello. Y antes de terminar el primer Ave María… aquello me había soltado.

Pero aún no dejaba esa vida de pecado. Aquello era ya un incendio. No podía apagarlo. Jugué con fuego y se descontroló. Se descontroló… había llevado esa situación de pecado que yo había dejado que definiera mi vida y mi persona, cerca de mi familia… Mi amada familia. Eso era el colmo para mí misma. Ya no.

Terminé esa relación y con ello todo tipo de cosas de las que había estado rodeada. Ministraciones, sacramentos, vida en Comunidad, estudio de la Palabra… Iba buscando volver.

Y aunque la relación idealizada con la persona de la primera relación rondaba mi cabeza… Dios no dejó de tocar. Dios no dejó de ser esa gota que surge de un nacimiento de agua, y que cae sobre una roca… esa roca era mi corazón.

Este año, hablando con una amiga de la comunidad, me dijo, ¿Mel, qué estás haciendo?, ¿por qué sigues dejando que ese pecado te defina, si tú ya lo dejaste en las manos de Dios, si Él ya te hizo libre?; “¿Has estado yendo a misa?, por eso no estás muerta, porque te has alimentado de Él, pero no podés seguir así. Él quiere darte más.”

Él quiere darte más, porque conoce tu corazón, porque Él confía en ti, porque Él te llamó por tu nombre y tiene algo destinado en tu vida.

El silencio de Dios, es un silencio sonoro, dice el Papa. Qué lindo, y es que es tan cierto. ¿Has escuchado ese silencio que te da paz, o que te mueve el suelo, dándote una indicación donde lo que queda es... tener valor y firmeza?

Porque tienes que saber que también hay un silencio de Dios, cuando has sido necio… y Dios no es necio. Él te guía, te va llevando de la mano. Insiste, pero respeta tus decisiones… no esperes ese silencio… sino, el silencio sonoro.

El Señor  “…estaba en aquel hilo de silencio sonoro. Elías sabe discernir donde está el Señor, y el Señor lo prepara con el don del discernimiento. Y luego, le da la misión”

¿Cuál es tu misión?
No sé cuál es tu misión, pero si te puedo compartir lo que nos dice el Papa al respecto.
“El Señor, cuando nos quiere dar una misión, cuando nos quiere dar un trabajo, nos prepara. Nos prepara para hacerlo bien, como preparó a Elías. Y lo más importante de esto no es que él haya encontrado al Señor, no, no, esto está bien. Lo importante es todo el recorrido hasta el final para llegar a la misión que el Señor le confía”.

Obediencia
Dicen que el que es obediente… no se equivoca.

Por eso hay que llevar una vida de oración, para tener una relación íntima con Dios, así como la que tenemos con una familiar o un amigo, donde una mirada basta para saber qué está diciendo esta persona.
Así nosotros con Dios, a través del Espíritu Santo, recibimos ese discernimiento, para saber si vamos bien o si algo estamos pasando por alto. 

Cuidado con la autosuficiencia.
Yo me creía autosuficiente, ah, y aquella soberbia, con la que no podía, llegó a rebalsar y llegar al límite de irrespetar a mis catedráticos. Terminó mal. Perdí mi carrera, tuve que cambiarme a otra, y prácticamente fue comenzar de nuevo. Albergué odio en mi corazón. Hasta ayer aún lo sentí cuando me encontré con el profesor de esa asignatura que reprobé y significó mi cambio de carrera…

Lo entregué en oración, pedí por él, por su familia, por la vida de sus alumnos. ¿Ya perdonaste?
Recuerda perdonar. ¿Recordaste el nombre de una o varias personas? No es casualidad, Dios te está pidiendo que las perdones, perdónales, ya no recargues más tu corazón albergando odio.

Aún no termino mis estudios universitarios, pero cambié mi manera de pensar con Su ayuda, y está cambiando mi manera de vivir cada día que llego o hago algo relacionado a la universidad.

Sin embargo, “esta es la diferencia entre la misión apostólica que el Señor nos da y una tarea: ‘Ah, usted tiene que realizar esta tarea, debe hacer esto...’, una tarea humana, honesta, buena... Cuando el Señor da una misión, siempre nos hace entrar en un proceso, un proceso de purificación, un proceso de discernimiento, un proceso de obediencia, un proceso de oración”.

Si leemos en 1 Reyes 16: 29-30a;
“En el año treinta y ocho del reinado de Asa en Judá, Acab, hijo de Omri, comenzó a reinar en Israel. Y reinó sobre Israel durante veintidós años, en la ciudad de Samaria. Pero su conducta fue reprobable a los ojos del Señor,…”

A lo que el profeta Elías anuncia una sequía. Ante tal anuncio, el Señor le da una instrucción. La encontramos en 1 Reyes 17:2-5a
“Por eso el Señor le dijo a Elías: ‘Vete de aquí, hacia el oriente, y escóndete en el arroyo Querit, que está al oriente del Jordán. Allí podrás beber agua del arroyo, y he ordenado a los cuervos que te lleven comida.’ Elías hizo lo que el Señor le ordenó,…”

Más adelante, podemos ver que el Señor lo sigue conduciendo y Elías obedeciendo. Pero luego, vemos que “Elías se dio cuenta de que corría peligro, y para salvar su vida se fue a Beerseba, que pertenece a Judá, y allí dejó a su criado. Luego él se fue hacia el desierto, y caminó durante un día, hasta que finalmente se sentó bajo una retama. Era tal su deseo de morirse, que dijo: ‘¡Basta ya, Señor! Quítame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!’ (1 Reyes 19: 3-4)

Huir, esconderse
¿Por qué se había escondido Elías?, Jezabel una reina que rendía culto a Baal, un demonio, comenzó a cazar a todos los profetas del Señor. Elías lo supo y tuvo miedo.

Elías le pidió morir, al Señor. ¿Cuántas veces hemos querido huir de las consecuencias de nuestros actos? Aún si estos son buenos, buscamos acallar la voz de Dios, buscamos pasar desapercibidos, y ‘ay que no me crean loco por creer en Dios’, ‘es que van a decir que soy fanático’…

En una prédica, de la Comunidad, escuchaba: “El mundo se muere sin esperanza, porque no tiene a Dios en su corazón.”

No nos dejemos morir, ¿tenemos a Dios en nuestro corazón?, busquémosle, que venga y renueve nuestro corazón, que lo limpie, démosle el lugar que es de Él.

En cuanto a nosotros, ¿quién o qué está representando a esta reina que rendía culto a Satanás a través de ese demonio?

¿Qué es esa Jezabel a la que tanto tememos, y de la que huyo? “Es que tú no eres capaz de lograrlo”, “ya pasó tu tiempo”, “no tienes los medios”, “eso es imposible.”

¿Es acaso mi propia mente?, ¿me he creído todas esas mentiras que el mundo me grita?
Aún con ese deseo en su corazón, Dios en su infinita misericordia envía un ángel para decirle, “Levántate y come” (1 Reyes 19: 5)

¿Cómo estoy?, ¿Escondida, acostada, rindiéndome, tirando la toalla, sin esperanza?, ¿ya la tiré? Cuando nuestra mente anda afanada, rindiéndose, angustiada… se nos olvida que Dios… es Dios.

“Elías se levantó, y comió y bebió” Y aquella comida le dio fuerzas para caminar” (1 Reyes 19:8ª)
Vuelvo a recordar lo que ahora comprendo que Dios me dijo a través de esta hermana. “¿Has estado yendo a misa?, por eso no estás muerta, porque te has alimentado de Él, pero no podés seguir así. Él quiere darte más.”

¿Me estoy alimentando de Él?, si bien nos da tantos medios para acercarnos y alimentarnos de Él, para tener fuerzas y seguir caminando de su mano… Él mismo se entrega a nosotros en cada Santa Misa. No es una representación de esa cena de amor en la que se entregó; es Él entregándose una y otra y otra vez…
¿Me estoy alimentando de Él?

Y la “fidelidad a este proceso” es dejarse conducir por el Señor. En este caso, con la ayuda de Dios –señaló el Papa-, Elías supera el temor desencadenado en él por la reina Jezabel, quien había amenazado con matarlo.

“Esta reina era una reina malvada y mataba a sus enemigos. Y él tiene miedo. Pero el Señor es más poderoso. Pero lo hace sentir como a él, también el grande y bueno necesita la ayuda del Señor y la preparación para la misión.

Entonces, ¿qué debo hacer?

1. Buscar a Dios en la suave brisa.
Busquemos al Señor en todo momento. Encontrarme con Él para volver a entregarle el control de mi vida, y el lugar que le pertenece en mi corazón.
2. Levantarnos.
Escuchar y obedecer su instrucción. Que derrame su discernimiento, su fortaleza,… para que su Santo Espíritu se derrame en nosotros con esos dones que nos ayudarán a dar frutos en El.
3. Alimentarnos y beber.
En oración, en la Santa Misa, en la Reconciliación, en nuestra vida en  Comunidad, en ministración, en pastoreo, en momentos difíciles, en momentos felices, en todo momento.
Que Dios, nuestro Señor te bendiga a ti y tu familia.

Post data:
Todas las citas han sido tomadas de la Santa Biblia Católica "Dios habla hoy"

6.16.2014

Lunes

Lunes por la mañana y veo estrellas de agua
una polifonía me tranquiliza, invitándome a volver

me acoge en un abrazo bajo
 y acaricia mis cabellos entrelazados a tonos más altos

Ad te levavi animam meam
Poso mi cabeza sobre tu pecho
Deus meus in te confido

Leo tu tranquilidad


Salgo borracha de confusión, en medio de la noche
Salgo de mi habitación en medio de la oscuridad
La lluvia cae menguante y casi indecisa

Mis pasos vacilantes como mis movimientos al tratar de respirar

Te leo y te percibo con tanta tranquilidad
Con tanta indiferencia
"no quiero que te vayas"
Pero tú ya no estás

Para ti soy como un cuadro,
Una pintura
Linda, admirada.
Olvidada... la pasas de largo
Pero a la que notas si no está

No trates más de impedir mi caminar
Déjame leer con tranquilidad
Déjame respirar una vez más
Déjame dormir antes que la lluvia deje de caer

Quiero disfrutar del silencio
Quiero oír cada gota, los grillos, la noche ...

Deja de volver
Deja de volver...
No soy un lienzo
Soy un arcoíris, soy óleo, soy acuarela
Permite que el Pintor tome su pincel
Tengo mucho por recorrer